Antes y después del secuestro del presidente Nicolás Maduro.

Atlanteco4 January 2026Last Update :
Antes y después del secuestro del presidente Nicolás Maduro.

Antes del secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, Estados Unidos aplicó una estrategia integral basada en presión económica extrema, amenazas militares y aislamiento diplomático, con el objetivo de provocar fracturas internas dentro del Estado venezolano, especialmente en el estamento político y militar. Washington apostó a que el deterioro económico y social, combinado con la presión externa, conduciría a deserciones y al colapso del liderazgo gubernamental.

Sin embargo, dicha estrategia no logró los resultados esperados. El gobierno venezolano demostró un alto nivel de cohesión interna, mientras que la Fuerza Armada se mantuvo leal al poder político, frustrando los intentos de desestabilización y división.

El escenario posterior al secuestro

Tras el secuestro del presidente Maduro, Estados Unidos intensificó su discurso de amenaza y coerción, esperando que la ausencia del jefe de Estado provocara un rápido colapso institucional, o forzara a la nueva administración, encabezada por Delcy Rodríguez, a capitular ante las exigencias externas.

No obstante, este nuevo escenario enfrenta las mismas limitaciones que el anterior. La dirigencia venezolana había anticipado distintos escenarios de crisis, incluido el secuestro o la neutralización del presidente, y había estructurado un modelo de dirección colectiva del poder, capaz de garantizar la continuidad del Estado y la toma de decisiones estratégicas.

El petróleo como eje central del conflicto

En este contexto, las declaraciones públicas del expresidente estadounidense Donald Trump, al afirmar que la prioridad es el interés del pueblo estadounidense, vinculándolo explícitamente al control del petróleo venezolano, evidencian la verdadera naturaleza del conflicto. Más allá del discurso oficial sobre democracia o derechos humanos, el enfrentamiento gira en torno a recursos estratégicos, soberanía nacional y control geopolítico.

Los acontecimientos posteriores al secuestro de Maduro confirman que la presión externa, incluso en su forma más agresiva, no garantiza la desintegración de un sistema político cohesionado. Estados Unidos, pese a modificar sus tácticas y aumentar la intensidad de su presión, se enfrenta a una realidad persistente:

un Estado que mantiene su estructura, una élite política preparada y un conflicto definido por los intereses estratégicos más que por los discursos ideológicos.

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