AtlantEco.ma | Análisis de economía política | Octubre de 2026
África se encuentra ante una oportunidad estratégica para transformar sus recursos naturales en desarrollo económico, autonomía energética e integración regional. Los proyectos de gasoductos que conectan Nigeria con el norte del continente, a través de Argelia o Marruecos, representan dos grandes alternativas para reforzar la posición de África en los mercados internacionales y mejorar las condiciones económicas de sus poblaciones.

Dos proyectos estratégicos para el continente
El primer proyecto es el Gasoducto Transahariano Nigeria–Níger–Argelia, con una longitud prevista de aproximadamente 4.128 kilómetros y una capacidad de hasta 30.000 millones de metros cúbicos de gas al año. Su objetivo es transportar gas nigeriano a través de Níger hasta Argelia, desde donde podría llegar a los mercados europeos mediante las infraestructuras existentes. En junio de 2026 comenzaron las obras del tramo argelino, aunque el proyecto todavía necesita importantes inversiones y acuerdos para completar su ejecución.
El segundo es el Gasoducto Africano Atlántico Nigeria–Marruecos, un proyecto de unos 6.800–6.900 kilómetros, con una capacidad proyectada de hasta 30.000 millones de metros cúbicos anuales y una inversión estimada en torno a 25.000 millones de dólares. Su trazado pretende conectar Nigeria con Marruecos a través de la costa occidental africana. En julio de 2026 se produjo un avance institucional importante con la firma del acuerdo intergubernamental entre los Estados participantes de la CEDEAO.
Aunque ambos proyectos buscan transportar gas hacia los mercados regionales e internacionales, sus objetivos no deben limitarse a la exportación hacia Europa. La prioridad estratégica debería ser garantizar que una parte de los beneficios se traduzca en electricidad, industria, empleo e infraestructuras para África.

Los 13 países del corredor atlántico
El proyecto atlántico contempla un corredor que conecta los siguientes países:
- Nigeria
- Benín
- Togo
- Ghana
- Costa de Marfil
- Liberia
- Sierra Leona
- Guinea
- Guinea-Bisáu
- Gambia
- Senegal
- Mauritania
- Marruecos
Estos países pueden beneficiarse, en diferentes grados, de las inversiones en infraestructura, del acceso al gas y de la creación de mercados energéticos regionales. Sin embargo, el beneficio efectivo dependerá de las conexiones nacionales, los acuerdos de suministro, las tarifas, la financiación y el calendario de construcción de cada tramo.
El Sahel: el gran desafío económico
La importancia de estos proyectos adquiere una dimensión especial para los países sin salida al mar, como Níger, Mali y Burkina Faso. Su situación geográfica aumenta su dependencia de las rutas terrestres, de los puertos de los países vecinos y de los costes de transporte internacional.
En Níger, el corredor transahariano podría generar ingresos por tránsito, puestos de trabajo y nuevas inversiones energéticas. Al mismo tiempo, el desarrollo de conexiones regionales podría favorecer el acceso al gas y a la electricidad. No obstante, estos beneficios no están garantizados y dependen de la viabilidad financiera, la seguridad y los acuerdos entre los Estados.
En Mali y Burkina Faso, las posibles conexiones con las redes energéticas regionales podrían contribuir a reducir la dependencia de combustibles importados, facilitar la producción eléctrica y favorecer industrias agroalimentarias, mineras y manufactureras. Estos dos países no figuran entre los trece países costeros del corredor atlántico: su participación efectiva requeriría infraestructuras de conexión y acuerdos específicos.
La energía puede convertirse así en una herramienta de integración económica del Sahel, siempre que los proyectos no se limiten a atravesar los territorios, sino que contribuyan a desarrollar sus economías.

Argelia, Níger y la dimensión de seguridad
La decisión de Argelia de autorizar un despliegue de unidades militares en Níger, anunciada en octubre de 2026, refleja la creciente relación entre seguridad, energía e intereses estratégicos en el Sahel. Las autoridades argelinas han vinculado su política regional a la protección de intereses comunes, aunque los detalles operativos del despliegue deben distinguirse de los anuncios oficiales.
La seguridad de los gasoductos terrestres constituye un desafío importante debido a la extensión de sus recorridos y a la inestabilidad de determinadas zonas. Por ello, la cooperación entre los países de tránsito resulta fundamental para proteger las instalaciones y garantizar la continuidad de las operaciones.
El corredor atlántico ofrece una geografía diferente, pero tampoco está exento de riesgos. Las instalaciones marítimas, los puntos de conexión y las redes terrestres requieren protección, inversión y coordinación regional. Ninguno de los dos proyectos puede considerarse completamente seguro por su trazado geográfico.

Dakhla Atlántico: una puerta logística para el Sahel
La estrategia marroquí no se limita al gas. El futuro puerto de Dakhla Atlántico puede desempeñar un papel relevante en la conexión comercial entre Marruecos, África occidental y los países del Sahel.
Para Mali, Burkina Faso y Níger, el acceso a puertos eficientes es esencial para importar maquinaria, fertilizantes, combustibles, alimentos y materiales industriales, así como para exportar productos agrícolas, minerales y otras mercancías. El desarrollo de corredores entre Dakhla, Mauritania y los mercados interiores podría ampliar las alternativas logísticas disponibles.
Sin embargo, el puerto no eliminará automáticamente las dificultades de los países sin litoral. La competitividad de esta ruta dependerá de la calidad de las carreteras, los controles fronterizos, los tiempos de tránsito, los costes de transporte y los acuerdos comerciales con los países vecinos.
Marruecos puede aprovechar su experiencia logística, sus conexiones marítimas y sus relaciones económicas africanas para desarrollar servicios de almacenamiento, transporte, distribución y transformación agroalimentaria. Esto permitiría que los corredores comerciales generasen valor añadido en los países participantes y no únicamente ingresos por tránsito.
Una visión de complementariedad, no de rivalidad
Los proyectos gasísticos de Nigeria hacia Argelia y Marruecos responden a geografías, acuerdos y condiciones técnicas diferentes. No existe todavía una integración operativa entre ambos, pero tampoco hay razones económicas para convertirlos necesariamente en proyectos rivales.
Una estrategia continental inteligente debería diversificar las rutas de exportación, ampliar las conexiones energéticas regionales y priorizar el acceso de las poblaciones africanas a una energía asequible. También debería coordinar las infraestructuras de transporte, los puertos y los corredores comerciales para facilitar el crecimiento de los países del interior.
La posición de AtlantEco.ma es clara: el gas africano debe contribuir primero al desarrollo de África. Europa constituye un mercado importante, pero el éxito de estos proyectos también debe medirse por su capacidad para generar electricidad, reducir los costes de producción, crear empleo y reforzar la autonomía económica de Nigeria, Níger, Mali, Burkina Faso y el resto de los países participantes.
La verdadera cuestión no es qué país obtiene mayor influencia geopolítica, sino cómo convertir los recursos energéticos y las infraestructuras en una ventaja compartida para el continente.
África no necesita elegir entre el corredor argelino y el corredor marroquí. Necesita proyectos viables, cooperación regional y una estrategia que transforme la riqueza energética en prosperidad africana.





