Marruecos y Argelia se han convertido en dos piezas estratégicas de la nueva política económica europea hacia África. La diferencia está en el modelo: Marruecos se posiciona como plataforma industrial, logística y financiera hacia África, mientras Argelia mantiene una ventaja decisiva como proveedor energético de Europa.
La relación comercial UE–Marruecos alcanzó 62.200 millones de euros en 2025, frente a 43.400 millones de euros entre la UE y Argelia. En el caso argelino, el 93,2% de las importaciones europeas corresponde a productos minerales, principalmente energía.
Francia mantiene una fuerte relación económica con Marruecos, mientras Alemania profundiza su cooperación energética con Argelia. Sin embargo, Alemania también considera a Marruecos un socio industrial estratégico, especialmente en automoción, aeronáutica, energías renovables e hidrógeno.
El objetivo europeo va más allá del Magreb: África es el verdadero mercado estratégico. Europa busca garantizar energía, materias primas, cadenas de suministro y acceso a un continente con enormes necesidades de inversión e infraestructuras.
La ventaja de Marruecos está en combinar Europa + industria + logística + África. La ventaja de Argelia está en energía + gas + potencial de hidrógeno.
En definitiva, la competencia franco-alemana y las relaciones con Marruecos y Argelia forman parte de una batalla económica mucho más amplia: la carrera por mantener y ampliar la influencia europea en África frente a China, Estados Unidos, Turquía y los países del Golfo.





