Marruecos y Argelia frente al desafío del gas nigeriano: fortalezas, riesgos y límites económicos

Atlanteco9 June 2026Last Update :
Marruecos y Argelia frente al desafío del gas nigeriano: fortalezas, riesgos y límites económicos

Aunque los proyectos energéticos impulsados por Marruecos y Argelia comparten un objetivo —transportar gas nigeriano hacia Europa—, sus fundamentos económicos y operativos son profundamente distintos.

El proyecto argelino presenta ventajas evidentes desde el punto de vista financiero. El Gasoducto Transahariano sería más corto, atravesaría únicamente tres países (Nigeria, Níger y Argelia) y podría aprovechar la red energética ya existente en territorio argelino.

Esta combinación reduce significativamente el coste de integración y mejora la rentabilidad potencial del proyecto. Las estimaciones sitúan su inversión entre 13.000 y 20.000 millones de dólares, considerablemente inferior a la alternativa marroquí.

Sin embargo, la principal vulnerabilidad del corredor transahariano no es económica, sino política y de seguridad.

El trazado atraviesa algunas de las regiones más inestables del continente africano, especialmente zonas afectadas por insurgencias armadas, terrorismo transfronterizo, redes criminales y fragilidad institucional en el Sahel.

La protección de miles de kilómetros de infraestructura en regiones desérticas representa un desafío operacional permanente y un factor de riesgo importante para los inversores internacionales.

En contraste, el proyecto marroquí reduce parte de la exposición a la inseguridad del Sahel al optar por una ruta atlántica costera.

No obstante, esta ventaja viene acompañada de otros obstáculos considerables.

El coste del Gasoducto Nigeria–Marruecos podría superar los 25.000 millones de dólares, además de requerir una coordinación diplomática compleja entre numerosos Estados con marcos regulatorios diferentes.

A ello se suma la dificultad de armonizar contratos energéticos, sistemas fiscales y garantías jurídicas a lo largo de un corredor multinacional de gran escala.

Desde una óptica estrictamente económica, el proyecto argelino parece más competitivo por rapidez y menor coste. Pero desde una perspectiva de estabilidad territorial y diversificación regional, la propuesta marroquí presenta elementos atractivos para socios financieros multilaterales.

El dilema central es claro: ¿es preferible un proyecto más rentable pero más expuesto a riesgos de seguridad, o uno más costoso pero políticamente más inclusivo?

La respuesta dependerá, en gran medida, del apetito de riesgo de los inversores y de la evolución política de África occidental y el Sahel.

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