La ofensiva yihadista iniciada en 2012 marcó un punto de ruptura histórico para Malí. En pocos meses, grupos armados tomaron el control de importantes ciudades del norte como Tombuctú, Gao y Kidal.
La intervención militar francesa de 2013 evitó el colapso total del Estado maliense, pero no logró eliminar las raíces profundas del conflicto. Con el tiempo, las organizaciones armadas cambiaron sus tácticas y comenzaron una guerra de desgaste basada en ataques móviles y control territorial progresivo.
Paralelamente, la debilidad institucional de Bamako se agravó debido a la corrupción, la pobreza y la pérdida de confianza de la población en las autoridades. Entre 2020 y 2021, Malí vivió dos golpes de Estado consecutivos que llevaron al poder a la junta militar encabezada por Assimi Goïta.
Tras la retirada progresiva de Francia y de varias fuerzas europeas, el gobierno maliense reforzó su cooperación militar con Rusia y estructuras vinculadas al antiguo grupo Wagner. Sin embargo, la inseguridad continuó expandiéndose.
Actualmente, el GSIM dirigido por Iyad Ag Ghali mantiene una fuerte capacidad operativa en Malí y en otros países del Sahel como Burkina Faso y Níger. Los ataques afectan rutas comerciales, convoyes logísticos e infraestructuras estratégicas, mientras millones de personas enfrentan desplazamientos forzados y crisis humanitaria.
Malí en la actualidad: crisis política, inseguridad y expansión yihadista





