El Reino de Marruecos reiteró en Ginebra, durante la 61ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, su firme condena a los ataques atribuidos a Irán contra varios países árabes del Golfo. Rabat calificó estas acciones como una violación grave de la soberanía nacional y una amenaza directa a la estabilidad regional.
En representación del país, el embajador Omar Zniber subrayó que Marruecos mantiene una posición clara de apoyo y solidaridad con las naciones afectadas, en línea con las orientaciones del rey Mohammed VI. Asimismo, advirtió que esta escalada compromete los esfuerzos diplomáticos destinados a reforzar la seguridad y la cooperación en la región del Golfo.
Más allá del plano político, la intensificación de las tensiones podría tener importantes consecuencias económicas. El aumento de la inestabilidad en Oriente Medio amenaza con provocar alzas en los precios del petróleo y perturbar rutas comerciales estratégicas, lo que impactaría directamente en economías dependientes de la energía importada, como la marroquí. Sectores clave como el transporte, el turismo y la industria podrían verse afectados por el encarecimiento de los costes y la incertidumbre en los mercados internacionales.
En este contexto, Marruecos insiste en la necesidad de privilegiar el diálogo y las soluciones pacíficas, alertando de que una prolongación del conflicto no solo agravaría la crisis geopolítica, sino que también tendría efectos duraderos sobre la economía global.




